La sensibilidad al precio mide hasta qué punto reaccionan los clientes cuando cambia el precio de un producto o servicio. Entenderla es clave para afinar la estrategia de precios y aumentar los ingresos. Los hoteles suelen fijar sus tarifas en un sistema de revenue management y ajustarlas a la demanda, la competencia y la temporada. Los clientes más sensibles al precio a menudo responden mejor a un valor añadido que a una tarifa más baja: un paquete, una mejora de habitación o un tratamiento de spa en el momento oportuno. Con chatlyn, el hotel puede segmentar a sus huéspedes a partir de sus perfiles y enviar ofertas de WhatsApp dirigidas, por ejemplo a quienes llegan la semana que viene, y el equipo confirma cada solicitud.
¿Qué factores influyen en la sensibilidad al precio?
Influyen, entre otros, el valor que el cliente percibe en el producto o servicio, su nivel de renta, la competencia, la reputación de la marca y las preferencias de cada consumidor.
¿Cómo puede una empresa gestionar bien la sensibilidad al precio?
Para gestionarla con eficacia conviene estudiar el mercado y conocer las preferencias de los clientes, aplicar estrategias de precios segmentadas, ofrecer descuentos o promociones y aumentar el valor del producto con paquetes o servicios añadidos. Y, sobre todo, vigilar los precios de forma continua y ajustarlos según la evolución del mercado y la opinión de los clientes.